domingo, agosto 26, 2012

Perpendicular a la charnela - Junior

Hace un tiempito que estoy en el sutil plan de que Valentina, ahora que está un poco más grande (siete años), trate de manejarse sola con algunas tareas sencillas de la casa.
El otro día me pidió para comer un poco de maní con cáscara que habíamos comprado esa tarde en el super.
- Bueno, ya te prendí el horno. Vos agarrá una asadera, poné el maní y luego la colocamos adentro del horno para que se cocine - le enseño.
Pone el maní en la asadera y me muestra:
- ¿Así esta bien, mami?
- Mmm, no... Pusiste muchos, tenés que poner solamente los que te entren en el fondo de la asadera, porque si quedan unos encima de otros como te quedaron, no se van a tostar bien.
- Ahhh... ¿Y como hago? Es re difícil... -se queda pensando unos instantes mientras yo la observo un poco extrañada -. ¡Ya sé! Medimos la asadera, medimos los maníes, y calculamos cuántos entran.

Hija de su padre tenía que ser.

viernes, agosto 24, 2012

Hay que saltar

El otro día estaba bromeando con que los chinos tienen el mundo en sus manos, porque si se propusieran saltar todos a la vez la Tierra se caería.
Luego me encontré en Google Reader con esta teoría bastante más divertida, y de paso, les recomiendo el blog http://what-if.xkcd.com/8/

jueves, agosto 09, 2012

El máximo escritortugo

La entrada de este blog que siempre tuvo el máximo de visitas es Ejercicios de declamación
Una especie de trampa para incautos... Seguramente entraron y salieron porque nada que ver con lo que estaban buscando. Pero si sirvió para que conocieran o recordaran a Leo Masliah, valió la pena.

Acá les dejo otro cuento de este fabulantástico escritor  http://www.imaginaria.com.ar/12/0/masliah.htm#tortuga

martes, agosto 07, 2012

El cometa y los higos

Tengo el corazón hecho una pasa de higo. Reseco, endurecido, pero a pesar de eso dulce, muy dulce.
Aquel enero él se fue con el cometa (1). En mis sueños lo vi elevarse al espacio, como la versión masculina de Mary Poppins: traje, maletín en mano, y en la otra el bastón con el mango enganchado de la cola del cometa. Desde allá me vigila, me da consejos, me reconforta cuando estoy triste. Lo veo bañado del polvo de estrellas que desprendió el cometa en su viaje, como un halo místico.
Unos meses antes habíamos cumplido cincuenta años de casados, rodeados de nuestros hijos y nietos, naturales y políticos, y también de los bisnietos. Y luego festejamos la llegada del Año Nuevo en la playa, también con la familia. Estábamos muy contentos ya que era la primera vez en muchos años que pasábamos todos juntos el año nuevo. Comimos, bebimos, cantamos, bailamos con mucha alegría. Para nuestro deleite el Viejo empezó a contar anécdotas de su vida, algunas oídas ya varias veces pero también otras nuevas, como cuando conoció a Martín Aquino, o cuando se encontró con un perro parlante. En determinado momento tomó la copa y propuso un brindis, improvisando un discurso:
– Si  me tengo que ir de este mundo, no voy a dejar plata, no voy a dejar bienes porque soy un pelagatos, un simple carpintero – todos reímos. – Pero lo que tengo es este Capital Humano que son todos ustedes, un capital mucho más valioso. Empezando por esta Vieja, que me aguanta y rezonga todos los días y que yo siempre la embromo: te quiero mucho y sos la mejor compañera – me dijo mirándome a los ojos. Continuó, ahora dirigiéndose al resto. – También me enorgullezco de todos ustedes, que son personas honestas, de bien y se han abierto paso en la vida con mucho esfuerzo y dignidad: maestros, ingenieros, estudiantes… Y cuando me llegue la hora me iré feliz de dejarle este regalo al mundo que son ustedes.
Sus palabras nos emocionaron muchísimo, en especial a mí, obviamente. No faltaron luego las bromas para volver a tono y continuar la fiesta por largas horas. Al otro día el primer infarto auguraba lo que unas semanas después sería el final, pero nadie quiso reconocerlo.

Ya en casa, después de regresar de esas vacaciones de fin de año y con el Viejo ya recuperado del infarto, una tarde me levanté de la siesta y vi desde la ventana la higuera del jardín con las ramas repletas de frutos. Voy a hacer el dulce de higo que hago todos los años, me dije. Lavé la fruta y la puse a hervir a fuego lento en una olla con azúcar. Era todo el azúcar que quedaba. Le avisé al Viejo -que estaba sentado mirando la tele- que me iba hasta el pueblo a hacer las compras y de paso visitar a mi hermana enferma, y que volvería en un par de horas.
Cuando volví estaba atardeciendo y cerca del horizonte, mezclada con los azules, anaranjados, y rojo-rosados del cielo, se vislumbraba la contorneada cola del cometa como un latigazo blanco. El maravilloso espectáculo me dejó sin palabras, era la primera vez que lo veía. Me detuve a mirarlo en el patio de casa, antes de entrar. La puerta estaba abierta y llamé "Viejo, ¿ya viste el cielo qué hermosura?" Pero él ya no podía contestarme.
En el velorio no lloré ni una sola lágrima. La familia estuvo conmigo todo el tiempo y poco a poco me fui adaptando a la nueva vida sola. Todo el mundo admiró mi fortaleza y determinación.

El  dulce de higo se terminó de cocinar y me dijeron que estaba riquísimo, pero yo ya no pude volver a probarlo. La pasa de higo me quedó atragantada para siempre en el corazón.

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(1)  El cometa McNaught pasó por la tierra en enero de 2007. En el campo y zonas de la costa uruguaya se pudo ver a simple vista con todo su esplendor, tal como aparece en las fotos

lunes, agosto 06, 2012