miércoles, julio 31, 2013

Hielo

Sonó el timbre, por la hora debía ser el repartidor de agua. 
Justo me estaba bañando. Hacía mucho frío, pero la ducha estaba calentita. 
Me apuré a terminar y le grité "¡Ya va!" Me vestí como una tromba pero para cuando abrí la puerta y salí, el repartidor se había convertido en hielo. Tenía escarcha colgando de sus cabellos, su barbilla y su ropa. La mano le quedó apoyada sobre la pared a la altura del timbre, aunque por suerte no presionándolo. 
En el camión habían estallado varias botellas de vidrio por el congelamiento, y ahora estaba cubierto por una hermosa cascada de hielo blanco. 
Pasó un perro de bufanda amarilla y roja, patinando en dos patas por el hielo de la calle. Me tendió la mano invitándome a patinar con él. Yo también me puse una bufanda, nos escabullimos por debajo del brazo del repartidor y salimos, patinando de la mano y haciendo piruetas, calle abajo.

sábado, julio 20, 2013

Nevado

Una montaña está frente a los ojos, ansío escalarla pero no tengo valor.

Hace calor aquí abajo, el sol está fuerte y brillante.
En cambio en la cima de la montaña hay hielo y oscuridad, pero sin embargo me atrae.

Un camino de tierra se pierde entre el frondoso pasto verde vibrante, subiendo la ladera.

Ya no tengo miedo, siento vigor.

Emprendo la marcha, feliz.

La isla

El silencio se puebla de susurros, cada vez más fuertes, cada vez más audibles. El canto lejano de miles de insectos, al parecer chicharras, comienza a escucharse con nitidez.

Flota en el lago el barquito de papel que esta mañana hicieron los niños.  Está nublado pero hay sol. Hace calor. En la aparente tranquilidad se respira una tensión aún desconocida.

Una mujer parada del otro lado de la orilla mira fijo el horizonte. El hombre la ve y quiere acercarse a ella, pero no sabe nadar.  El muelle marchito, de maderas podridas, dejó escapar el último bote hace algunos días. La mujer está atrapada en la pequeña isla, pero no lo sabe.
Ella sólo mira el horizonte con cara de nostalgia, no hace nada por salvarse, aunque pudiera.

Un pájaro de vuelo rasante derriba el barco de papel, que se llena de agua y se hunde, lentamente, hasta el fondo del lago.

Ya no queda nada por hacer.

Para ponernos un poco al día

...tengo que contarles que por un problema de agenda no estoy yendo más al taller de Escritura.
Tampoco estoy pudiendo escribir cuentos, este año de por sí ya venía escribiendo muy poco, y capaz también fue una causa de que dejara de intentar maneras de no abandonar (correr de un lado a otro, llegar siempre una hora tarde, etc), aunque ahora es también una consecuencia.

Estaba con toda esa angustia de no poder escribir y no poder ir más al taller (sumada a la depresión que se ve me generan los años impares, no sé), cuando me encontré con un artículo en la revista lento.uy que hablaba del Contact Improvisation y un taller de Mariana Casares relacionado con la escritura. Llegué tarde para hacer ese taller (ya había terminado), pero estoy yendo a sus clases regulares de Contact, donde también escribimos, aunque solamente cinco minutos antes y cinco minutos después de bailar.
En esos cinco minutos obviamente sólo hay tiempo para poner en el papel cada palabra que se te cruza, sin pensarlo dos veces, o a lo sumo bajar lo que hay en el "buffer". Pero así como bailar, el ejercicio está bueno y es liberador. Voy a postear algunas de esas instantáneas acá.

Y si quieren saber algo más sobre el Contact Improvisation http://nancystarksmith.com/ es su creadora (una capa), y hoy empezó una nueva edición del taller CIX que hice hace un par de años.