viernes, enero 30, 2015

Jugando a Breaking Bad

_No puede ser que gane tan poco, algo tengo que hacer... - dijo F preocupado, unos minutos antes de irnos a dormir.

Esa noche tuve un sueño muy vívido:
-Tengo que ir a cobrar una plata.
-¿Estás seguro, vas a ir ahí? Estás loco, ¡meterte con esos delincuentes! Te puede pasar algo y viste que después nunca les hacen nada, son intocables - le advierto, muy angustiada - ¿Qué se te dio por jugar a Breaking Bad? ¡Mirá que sos pelotudo!
-Bueno, pero son 32 mil dólares. Yo ni toqué la "mercadería", solamente les hice de intermediario en un negocio para el que precisaban alguien "limpio".
-Pero meterte ahí, ¡en la cueva del lobo!
-Ya le pedí a H que me acompañe.

Nos quedamos en silencio. H es mi hermano, de poco más de 20 años. En ese momento llegó a buscarlo, con una cara de susto monumental.
Se van juntos, llegan a un descampado, hay un galpón grande rodeado por un amplio predio de pedregullo que levanta polvareda todo el tiempo, parece Despar. Nos arrimamos y entre los dos, muy serios, abren el portón verde, altísimo, que es de chapa y está medio desvencijado. Observo a H, que sigue con un cagazo importante. Pienso para qué lo metió en esto, pobre. F también tiene miedo pero parece confiar en que todo va a salir bien. Cierran el portón de un golpe y yo me quedo esperando afuera.

Camino de un lado al otro del portón, no aguanto más los nervios. Después de unos minutos, que parecieron horas, salieron.

-Ya está, te dije que  todo iba a salir bien - dice F sonriendo - Acá tengo el cheque.
-Pero, boludo, ¿dónde lo vas a depositar? Fijate que si después los agarran van a rastrearles los fondos y caés vos en cana por implicado. Por lo menos les hubieras pedido que te paguen en efectivo, si éstos tienen plata a roladas...
-No te preocupes, que ya tengo todo preparado. Ya abrí una cuenta especial para esto donde no van a poder rastrearme.

Vieron que en los sueños hay cosas que no parecen muy lógicas, uno se queda pensando que no puede ser pero se convence rápido. 
También en los sueños a veces el cambio de escenario y situación es bien brusco y uno no sabe cómo llegó al nuevo lugar y que pasó con los demás personajes (bueh, los directores de cine también usan este recurso a veces). En esta nueva escena yo ya estaba en casa, sola.

Tocan timbre. Voy a abrir la puerta y es un hombre común y corriente, más bien bajito, de tez aceituna, con una barba de esas que dibujan como un ancla en la pera, y vestido todo de negro. Me entrega un iphone.
-Tomá, esto es de ustedes.
Lo miro sorprendida, primero a él y después al teléfono.
-Bueno, si no lo querés me lo quedo, mirá que no hay problema... - me dice impacientándose.
-No, es, lo que pasa es que me agarraste de sorpresa.
Tomo el teléfono y me quedo observándolo. Es el iphone de F, no hay duda. Pero me parece muy raro que este hombre lo haya traído. No está bloqueado con código como él lo usa... ¿Será que este hombre lo desbloqueó? ¿Y entonces porqué no se lo quedó? Si lo encontró tirado en la calle, ¿cómo supo que el dueño vivía acá?
Levanto la cabeza para hacerle estas preguntas al hombre pero ya no queda ni rastro de él en la cuadra.

Sólo puede haber una respuesta: ¡él está con aquellos! Con suerte aún no lo mataron, lo tienen sólo secuestrado.

Aquí de nuevo hay un lapsus en el sueñometraje. Aparezco en un pasillo semioscuro de un depósito, buscando a F.

Sigo las voces que vienen del fondo, se ve una puerta abierta por donde sale luz del día. Llego, entro por la puerta y allí están: F, sentado sobre una cama, vestido, pero lleno de agujas clavadas por todo el cuerpo.
Horrorizada, veo que a su lado hay una persona totalmente despellejada, que también tiene agujas en todos lados. Los ojos se me saltaron de las órbitas y estaba a punto de gritar como una descosida cuando me di cuenta que en realidad era un muñeco de anatomía tamaño real, de esos que tienen todos los músculos a la vista. Suspiré aliviada.

-¡Hola! ¿qué haces? - me dice entre sorprendido y contento - Estoy acá con el Rasca, me contó que sabía acupuntura y como hace tiempo que yo quería hacerme... ¿te acordás?

El Rasca es un tipo de unos 30 años, pelo lacio y negro bien largo, atado a la nuca con una colita, y la cara llena de pozos de acné o viruela.
Miro a F a los ojos pensando: es el del "negocio", ¿no?, y él parece asentir con la mirada.

 -Ah, ¡mirá que bien! - le digo al Rasca. No tiene cara de acupunturista para nada, pienso, ¡quién lo iba a decir! Y qué suerte que lo agarró, hace tiempo que le vengo diciendo que se tiene que hacer acupuntura y él, de boludo, no va.

Un nuevo cambio de escena. Ya estamos en casa y todo bien. Me faltó preguntarle qué carancho pasó con el celular, pero justo me desperté.


Por la tarde, hiperembolada en el laburo as usual, llamo a F para charlar de las cotideanedades de todos los días. Iba a contarle lo del sueño divertido pero no pude porque me interrumpió:
-¡Ah! Cobré un cheque, ¿te lo puedo dar para que me lo deposites?

CHAN