miércoles, enero 04, 2017

Traducción


Era un día extraño. La humedad flotaba en el aire y se pegaba como chicle a mis jeans. Calor y vaho mezclado con aromas corporales. Tenía aún dos horas de espera para que saliera el bus. Me acomodé como pude en la silla dura de plástico azul de la terminal y cerré los ojos, sin esperanzas de quedarme dormida, pero sí con el consuelo de aliviar su ardor y cansancio. Al rato escucho el crujido de una falda, alguien se sienta en la silla de al lado. Entreabro los ojos y veo la falda sobre unas piernas. Era dorada, de una tela crocante y gruesa, de color naranja y con un brillo tornasolado que viraba de dorados hasta violetas. Levanto la mirada para verle la cara. Su rostro me parece familiar. Mucho.
Es una mujer de unos sesenta y pico de años. Lleva el pelo canoso y lacio atado con un moño en la nuca. Me mira y sonríe, se le forman hoyuelos en las mejillas y sus ojos se pierden, chiquitos entre tantas arrugas. Me quedo con la boca abierta. Vos sos… -Y ella asiente con la cabeza al unísono- ...yo...
Mil preguntas pasan por mi cabeza. Ella sabe todas las respuestas de mi vida.
Me limito a observarla. Su cara plácida solo puede augurar cosas buenas.

_¿Sos feliz? - pregunto por fin, ya sin miedo.
_Es un error de traducción. 
_¿Lo qué?
_Sí, escuchaste bien, es un error de traducción. En inglés, al igual que en muchos otros idiomas el verbo “to be” significa tanto “ser” como “estar”. En español decimos, afirmamos, preguntamos “soy feliz” cuando tal afirmación no tiene sentido. Sí se puede “estar feliz” en algunos momentos. Así como en otros estar triste, preocupado, aburrido, melancólico, nostálgico, nervioso, eufórico, ansioso, caótico, ensimismado, soñador, embelesado, inquieto, calmo. 
Nos sonaría ridículo decir “soy” en vez de “estoy” para cada una de esas sensaciones, sin embargo nos empecinamos en usarlo para la felicidad. Por suerte no es así, si una persona fuese siempre igual, sin la posibilidad de pasar por distintos estados de ánimo, sería aburridísimo. ¿Te imaginás?
_Si, me lo imagino perfectamente -sonrío mientras mi mirada permanece fija en la pared blanca de enfrente. 

Escucho que el ómnibus llega. Giro para saludar a la mujer -saludarme- pero ha desaparecido. Igual suelto en voz alta: Chau! Me encantó conocerte! Nos vemos en unos años.
Mis palabras se zambullen dentro de la oscuridad de la noche hasta encontrarla, allá lejos.