martes, junio 11, 2013

De todas partes

Valentina (8 años) vino de la escuela copada con esta canción que le enseñaron:


- ¡Ah! ¡Yo la conozco! También la aprendí cuando era chica en la escuela - le contesté, y me puse a cantar - "De todas partes vienen los orientales, también los de la Luna y los de Marte".
- ¡¡DE LA LUNA Y DE MARTE!! ¿Estás loca, mamá?

Todos los que estaban en casa tampoco podían creerlo. Terminamos llorando de la risa.
- ¡Es así, les juro que yo la aprendí así! - insistí. Me parecía raro, pero estaba convencidísima. Más que nada porque yo hice mitad de la escuela en tiempos de dictadura, y esta canción era muy izquierdosa para que las maestras se animaran a enseñarla en aquel momento.

Mientras comiamos, un rato después, me di cuenta lo que me pasó: mezclé la letra con la de esta otra canción. ¡No me culpen, las melodías son parecidísimas!



 

El lobo de los cuentos

El Lobo golpeó la puerta y como nadie contestó, abrió la puerta y entró. Fue directo al dormitorio, para verificar si la Abuelita en realidad estaba allí durmiendo y no había oído. Pero no, no estaba.
Escuchó llegar a alguien y corrió a esconderse dentro del ropero. Pero grande fue su asombro al encontrar varias personas allí dentro. A la primera que vio fue a Caperucita.
_¡Shh!  Estoy aquí escondida porque estamos jugando al cuarto oscuro con mi primo Capuchón Azul. Si no me encuentra en los próximos dos minutos va a perder porque se le acaba el tiempo – y dicho esto acurrucó silenciosamente en el rincón más apartado del ropero.
El lobo se quedó pensando que cuando entró no había visto ningún otro niño en el cuarto, que era de día y las persianas estaban levantadas, así que de oscuro no tenía nada. Pero no dijo palabra.

Cuando miró hacia su izquierda, vio que estaba también en el ropero el Leñador, sentado en el piso con los brazos cruzados sobre las rodillas y cara de mucha preocupación. Y un poco más lejos otro niño, que vestía una campera azul y llevaba la capucha puesta “¡Éste debe ser el primo de Caperucita!”, pensó.
Y de pronto desde el fondo del ropero se oye una voz de viejecita:
_¿Dónde está mi tapado de piel? Lo necesito para ir a jugar al Casino… ¡Ah, aquí está! – dice al mismo tiempo que le da un tremendo pellizcón al Lobo.
El Lobo aulló de dolor “¡Auuu!”, llamando la atención del resto de los integrantes del ropero, que hasta ese momento no sabían de su coexistencia en el pequeño recinto.
_Capuchón, ¿qué hacés acá escondido? Me tocaba esconderme a mí, vos me tenías que buscar, ¡boludo!
_Pa, con razón no me encontrabas más, yo ya me estaba aburriendo acá quietito…

El único que continuaba callado y sólo se escuchaba sollozar rítmicamente, era el Leñador.
_¿Qué le pasa, m’hijito querido? – le dice la Abuelita (que en realidad era su madre).
_Es que quiero salir de este ropero pero no me animo.
Se hizo un silencio, y al Lobo, que sabía mucho de sicología y de la vida en general, se le ocurrió una idea. Y eligió uno de los vestidos más coquetos de la Abuela, de esos que ya no usaba hace años pero seguía guardando por nostalgia. Le ayudó a ponérselo y él accedió feliz. También le colocó un sombrero con plumas y unas sandalias con tacos, que le quedaban medio talón más chicas pero no importaba, eran preciosas.

Se quedaron los cinco en el ropero charlando y contando historias de miedo. El Lobo alumbró su cara desde abajo con una linterna que sostenía entre las piernas, puso sus dedos índice y pulgar en los párpados y los meñiques en la comisura de los labios, estirando al mismo tiempo los ojos y la boca, como haciendo una mueca de monstruo.
_Pero Lobo… ¡Qué ojos y boca tan grande tienes! – le dijo Caperucita en tono burlón y todos rieron. El Lobo también rió, pero el aire ya viciado del ropero y los cuentos de miedo le habían provocado tanta excitación que su risa se transformó en un salvaje rugido:
_¡Tengo hambre! – y esta vez sí que todos se asustaron, porque se le transformó la cara de verdad. Tenía los ojos inyectados en sangre, la lengua afuera y la boca abierta dejando ver sus afilados colmillos, de entre los cuales colgaba un hilo de baba. Todos menos Caperucita, que le ofreció un bizcocho de su canastita:
_Tomá, están riquísimos, los hizo mi mamá. Tengo la canasta llena, pero mejor salgamos y los comemos en la mesa del comedor, hace calor acá adentro.
El Lobo accedió encantado y salieron todos juntos del ropero. Incluído el Leñador, ya aliviada la cara de angustia, y a sus anchas con su vestido y zapatos nuevos. Como si los hubiera usado toda la vida.

viernes, junio 07, 2013

Pulpo 2

Y si no le gano por aburrimiento, también lo puedo acribillar a chistes malos (ese sería el plan C).
O amenazaría a su familia (plan D): La Pulpa de Naranja, el Pulpón de vacío, el Púlpito de la Iglesia, la Pulpería del barrio y la Pulpotomía del odontólogo.
Bah, sigue siendo plan C, a quién engaño.

Pulpo

Como verán, cambié de nuevo la imagen del blog.

Un pulpo gigante me tiene atrapada con sus múltiples tentáculos.
Trato de zafar, pero me apreta cada vez más fuerte. Me va sumergiendo en las profundidades.
Tengo un cuchillo en la mano, es mi única esperanza para cortar los gelatinosos brazos del pulpo. No sé si algún día voy a tener la fuerza suficiente para acuchillarlo, pero si no es de esa forma, seguro que le puedo ganar por aburrimiento: algún día se va a cansar, se va a ir y me va a dejar tranquila.

martes, mayo 28, 2013

Ana Grama

Siempre me fascinaron los anagramas (creo que ya hablé de ellos en este blog pero me da pereza buscarlo).

Saber que hoy día hay sitios que te arman mil en unos segundos, por ejemplo éste, es raro. Un poco pierde la gracia, porque no hay que devanarse los sesos reordenando letras para lograr una frase con significado. Ojo, no es que siempre te devuelva frases con significado, pero siempre te devuelve palabras válidas.

Entré al sitio y puse mi nombre, he aquí la postselección (y reanagramado en algunos casos), con la que me quedé.

Me encantó el primero, lo voy a tomar como un consejo del más allá, ya que en estos días ando muy loca:

Envolver acá ira

Nervio calavera

Ver ave racional

Revelará nociva

No acelerar, viva

Aeronave rival C

Vivero craneala

Alacran re vivo, e

Avecinar volear

Ro, la vecina rave

Ave vecinal raro

Calvario nevera

Calvario venera

Ver ave coralina

Va encierra oval

Novelera vaciar

Novela "V" arrecia

Vi arca novelera

Ir, vaca novelera

Reavivar lanceo

No reavivar alce

En reavivar loca

Re calavera ovni

Vire carnavaleo

Un personaje increíble

Un día al salir del edificio lo vi por primera vez, aunque no quiere decir que fuera la primera vez que él estuviera ahí, porque yo soy bastante distraída. Ese día también me fijé en la gente que pasaba por al lado suyo y miraba para el otro costado, algunos con el ceño fruncido mostrando congoja, otros nada más repulsión.
El hombre se había ubicado allí en la puerta del local de al lado de la entrada de mi edificio, en pleno 18 de julio, cerca de la Plaza del Entrevero. Tenía unos cincuenta o sesenta años, pelo canoso y barba, se parecía a Lula da Silva. Había juntado unas cajas y frazadas y con ellas armado su precario refugio. El local estaba cerrado hacía ya un tiempo, era una zapatería que se había fundido con la crisis. Poco después al viejo se le sumó un perro, era un cuzco color dorado y blanco muy simpático, de tamaño y edad medianos. El hombre se sentaba en el piso y el perro se sentaba al lado suyo, él lo acariciaba y sonreía. Me sorprendió el buen estado de sus dientes, teniendo en cuenta que vivía en la calle. Tenía una latita donde la gente de vez en cuando le dejaba monedas.

Cuando vino mi padre (que vivía en el interior) a casa de visita por unos días, cierta vez bajamos juntos a hacer mandados y vi que lo saludaba. El hombre devolvió el saludo contento.
_¿Lo conocés? – le pregunté a mi padre sorprendida ni bien nos alejamos un poco.   
_Ayer bajé a fumar un pucho y me quedé conversando con él. Pobre viejo, me contó que es ingeniero mecánico, se vino de San Pablo contratado por una empresa pero lo jodieron, nunca le pagaron un mango. La empresa desapareció, él se gastó toda la plata que traía y ahora no tiene para volver. Me dijo que está juntando la plata para el pasaje y que en cuanto la tenga se va a ir.

Mi padre cada vez que bajaba conversaba con él. El viejo en su portuñol (que lo hacía parecerse aún más a Lula), le contó que extrañaba a su hija y nieto que vivían allá en Brasil. Nos pareció raro que no les pidiera que le manden ayuda. Varias veces dudamos de si serían ciertas las cosas que contaba, o si estaría loco nomás. En casa además de ayudarlo con alguna moneda, guardábamos las sobras de comida – principalmente los huesos – y se los llevábamos para el perro. El portero y algún otro vecino, al ver nuestra actitud se animaron a arrimarse y empezar a saludarlo, a llevarle huesitos para el perro y ropa o mantas viejas para que se abrigue. Mi padre una vez le quiso dejar una botella de vino, pero no aceptó.
_No tomo alcohol - dijo muy serio.

Un día no lo vimos al viejo. Al siguiente día tampoco estaba en su lugar y temimos lo peor. Había empezado el invierno y eran los días más fríos del año. Pero pronto volvió: bañado, afeitado y más rellenito. Nos contó que lo habían llevado a un refugio de "Invierno Solidario". Sin embargo a pesar de su mejor aspecto parecía muy triste.
_Es que no dejaron entrar al perro. Y cuando salí ya no estaba.
Tratamos de convencerlo de que era un perro inteligente y seguramente volvería, pero todos sabíamos que era difícil.

Pasados unos meses, mi padre había vuelto a mi casa de visita y cuando le abrí la puerta me contó:
_Me crucé con el viejo allá abajo, se despidió. Dice que ya juntó la plata para el pasaje y se va mañana.
Efectivamente, a la mañana siguiente vimos que se había ido.
Y nos convencimos de que su historia era cierta nomás.

sábado, abril 27, 2013

En el recreo

El pote sin cereal

el desayuno no está

ni la leche, ni el yogur

¿Qué pasa?, ¿qué pasa?

Al cabo del desierto

la leche y el cereal

en una mesa

mi mamá comía


Escribe mi alma

escribe mi amor

Que dios bendiga

nuestro amor

Que la paz y el amor

vengan a nuestro corazón

Y que la tranquilidad

rodeé nuestro cuerpo.

Dios nos mejore

nuestro mundo

Que viva dios


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Encontré este poema en la mochila de Valentina, lo escribió por su cuenta estando en la escuela.

La escuela es laica pero por ejemplo rezan para agradecer la comida.


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