... aunque a veces te cuesta encontrarlo, o darte cuenta que lo has encontrado.
En los primeros días del año encontré mi arcoiris. Era doble, ibamos de viaje por la ruta 9 hacia Santa Teresa y lo vimos entero.
Con ese impulso, decidí cambiar el fondo de este blog.
El 2013 va a tener mejor clima.
sábado, enero 19, 2013
Si se pelean T y F, ¿quién gana?
Este artículo dice más o menos lo que pienso en relación a las dos redes sociales más populares actualmente: Twitter y Facebook (posteado por @enparticular , aquí en su blog)
Mi otra gran razón en preferir Twitter es que puedo usar un seudónimo, y para mí esa es la única forma de poner (más o menos todo) lo que pienso y siento, sin morirme de vergüenza por lo que "van a pensar de mí".
Lo mismo que en este blog. Debe ser una de las herencia de haber vivido algunos años en pueblo chico, cuando te ibas a otro lado la felicidad era: "Hacelo si tenés ganas, total, acá nadie te conoce".
Da para hablar mil horas, pero la tarde está demasiado linda para seguir acá. Y por linda, me refiero a esas tardes de verano nubladas, con un poquito de viento pero no demasiado frío. Especiales para quedarse en casa leyendo, mirando una película o lagarteando lisa y llanamente (eso sí, siesta jamás, para dormir se hizo la noche y la mañana).
Mi otra gran razón en preferir Twitter es que puedo usar un seudónimo, y para mí esa es la única forma de poner (más o menos todo) lo que pienso y siento, sin morirme de vergüenza por lo que "van a pensar de mí".
Lo mismo que en este blog. Debe ser una de las herencia de haber vivido algunos años en pueblo chico, cuando te ibas a otro lado la felicidad era: "Hacelo si tenés ganas, total, acá nadie te conoce".
Da para hablar mil horas, pero la tarde está demasiado linda para seguir acá. Y por linda, me refiero a esas tardes de verano nubladas, con un poquito de viento pero no demasiado frío. Especiales para quedarse en casa leyendo, mirando una película o lagarteando lisa y llanamente (eso sí, siesta jamás, para dormir se hizo la noche y la mañana).
jueves, diciembre 27, 2012
Esos locos escritores
Mi amigo E. es un crá de esos cráses que por ejemplo, te comentan o recomiendan un buen libro, o te dan para adelante cuando les contás, tímidamente, que tenés ganas de anotarte a un taller de escritura.
El otro día, después de la presentación del libro, me dijo medio en broma medio en serio que las tres personas que él conocía que habían participado de ese libro, habían pasado en algún momento por una depresión importante. Entonces me acordé de este pasaje de "El alma de Gardel", de Mario Levrero; libro que además, tiene el honor de ser el primero que compré por Amazon directamente desde el Kindle:
"- ¿Y por qué piensa usted que los escritores son, más que otra gente, presa fácil de las depresiones? -preguntó el señor Caorsi, después de mover peón cuatro rey, continuando una conversación que había comenzado a partir de un recorte de periódico que yo había pegado en la pared.
_Bueno, no crea que porque escribo alguna cosita de vez en cuando me considero un escritor - dije, comenzando a responderle-. Hay pocos escritores, en el mundo, que merezcan ese nombre. De modo que no me incluyo en la lista, y entonces le puedo decir lo que creo sin apelar a la falsa modestia: creo que los escritores se deprimen más que otra gente porque son más inteligentes y más sensibles, y no pueden tolerar la idea de tener que vivir en un mundo estropeado por los imbéciles..."
Yo creo que la explicación es un poco más trivial y directa: al escribir uno, así sea las pedorradas más triviales como las de este blog, uno tiene que desnudarse; exhibir frente a los demás sus cosas más profundas, que por más que se disfracen de ficción, ahí están. Y para eso se necesita estar un poco -o bastante- loco.
Les dejo también esta entrevista a Carmen Posadas que nos cuenta su punto de vista, también similar.
El otro día, después de la presentación del libro, me dijo medio en broma medio en serio que las tres personas que él conocía que habían participado de ese libro, habían pasado en algún momento por una depresión importante. Entonces me acordé de este pasaje de "El alma de Gardel", de Mario Levrero; libro que además, tiene el honor de ser el primero que compré por Amazon directamente desde el Kindle:
"- ¿Y por qué piensa usted que los escritores son, más que otra gente, presa fácil de las depresiones? -preguntó el señor Caorsi, después de mover peón cuatro rey, continuando una conversación que había comenzado a partir de un recorte de periódico que yo había pegado en la pared.
_Bueno, no crea que porque escribo alguna cosita de vez en cuando me considero un escritor - dije, comenzando a responderle-. Hay pocos escritores, en el mundo, que merezcan ese nombre. De modo que no me incluyo en la lista, y entonces le puedo decir lo que creo sin apelar a la falsa modestia: creo que los escritores se deprimen más que otra gente porque son más inteligentes y más sensibles, y no pueden tolerar la idea de tener que vivir en un mundo estropeado por los imbéciles..."
Yo creo que la explicación es un poco más trivial y directa: al escribir uno, así sea las pedorradas más triviales como las de este blog, uno tiene que desnudarse; exhibir frente a los demás sus cosas más profundas, que por más que se disfracen de ficción, ahí están. Y para eso se necesita estar un poco -o bastante- loco.
Les dejo también esta entrevista a Carmen Posadas que nos cuenta su punto de vista, también similar.
sábado, noviembre 17, 2012
La maldad no nos necesita
"Vos me necesitás y yo te necesito
El mundo nos necesita
El universo nos necesita
Pero lo que no nos necesita, es la maldad
eu eu eu
la maldad no nos necesita
eu eu eu
la maldad no nos necesita
eu eu eu
Ahora para saber, nada no nos necesita"
Canción que escribió Vale hace unos días mientras estaba en la escuela.
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viernes, noviembre 16, 2012
En una letra está la diferencia entre la vida y la muerte
-Mirá, ¡una babosa!
-Hay que ponerla al sol para matarla.
-No, para matarla hay que ponerle sal.
-Hay que ponerla al sol para matarla.
-No, para matarla hay que ponerle sal.
miércoles, noviembre 14, 2012
Seguí participando
"Llegó a su casa hecho pedazos. Colgó una pierna del perchero, luego la
otra, los brazos, el tronco. La cabeza cayó y fue rodando a esconderse
debajo de la cama."
Cuento que mandé al concurso TCQ 2012 de Ancel, la respuesta fue: "Ok. Seguí participando. Bss".
Aquí están los resultados. Varios de los cuentos ganadores me gustaron pila.
Cuento que mandé al concurso TCQ 2012 de Ancel, la respuesta fue: "Ok. Seguí participando. Bss".
Aquí están los resultados. Varios de los cuentos ganadores me gustaron pila.
viernes, noviembre 09, 2012
El pizarrón
Esa tarde la clase de
Análisis Matemático estaba, como siempre, aburridísima. Encima el calor era
agobiante. Miré a Virginia, que estaba sentada a mi derecha, para contarle un
chiste, pero se había quedado dormida. “¡Qué boluda!”, pensé. Pero no me animé
a despertarla porque capaz se sobresaltaba o gritaba y llamaríamos la atención del profesor.
De repente sentí que se me
tapaban los oídos y el discurso del profesor pasaba a un idioma aún más
ininteligible. Giré nuevamente la cabeza para ver qué hacían el resto de mis
compañeros: la chica de adelante garabateaba en una hoja y con la otra mano
jugaba a enroscarse los dedos en el pelo, haciendo y deshaciendo el mismo rizo en
un loop infinito.
Hacia la izquierda había
dos muchachos, que al contrario del resto, sí se estaban divirtiendo: uno había
dibujado una caricatura del profesor donde aparecía montado en un burro y
llevando una tiza-espada en la mano. El parecido era notable, además le había
exagerado los dientes, el cuerpo flaco y desgarbado y el cabello desordenado, y
había quedado muy gracioso. El burro era gordo pero tan pequeño que las largas
y flacas piernas del profesor abarcaban todo el costado de la panza y llegaban
hasta el suelo. Los dos miraban el dibujo y se reían, entonces uno señaló los
pies y el otro hizo el dibujo de nuevo, esta vez atándole los extremos de las
piernas con un nudo para que quedara bien sujeto y no las arrastrara más.
Al lado de la chica que se
enrulaba el pelo había otra, muy elegantemente enfundada en un trajecito negro,
que se abanicaba con una cuadernola. Era muy bonita y el traje le quedaba muy
bien, pero era extremadamente inadecuado para los treinta y cinco grados de
temperatura de aquel salón. Además, contrastaba con la vestimenta desprolija de
los demás compañeros y del profesor, que estaban vestidos de short, remera y
havaianas.
El profesor seguía
escribiendo con la tiza en el pizarrón y mientras lo hacía el sudor le caía a
chorros. Llevaba una remera azul francia manchada en los sobacos con enormes lamparones.
Recordé con desagrado el hedor a mugre y sudor rancio que desprendía aquel
cuerpo, aún con temperaturas ambiente bastante más favorables, y agradecí haber
elegido aquel día un asiento casi en el fondo del salón 107.
Por enésima vez traté de
prestar atención a lo que explicaba el hombre, era difícil porque hablaba bajo
y había mucho murmullo. Me pareció que estaba diciendo algo sobre la extinción
de los dinosaurios. Cuando agudicé la vista para leer lo que había escrito en
el pizarrón, me di cuenta de que algunos caracteres que yo pensé que eran los
clásicos X, Y, j, ∑, eran en realidad imágenes de dinosaurios. Comunidades enteras de
estos animales llenaban ese espacio. Algunos comían brotes de αα del piso,
otros escalaban las curvas de nivel apoyados en ʃ y otros se deslizaban en
grandes gomones por la ladera de una campana de Gauss. El profesor se percató
de que el pizarrón ya estaba lleno y comenzó a borrarlo. Una gran nube de polvo
inundó completamente el salón y cuando se disipó, nos dejó blancos como
estatuas. La muchacha del trajecito negro, visiblemente ofuscada, se sacó la
chaqueta blanca (antes negra) con brusquedad y la sacudió con fuerza. Se quitó
también los pantalones blancos (antes negros), y la camisa blanca (originalmente
ya blanca, ahí me perdí), para a su vez sacudirlos. Cuando terminó quedó
vestida solamente con un body rosa chicle con puntillas, colgó la ropa en las sillas
vacías que tenía cerca y continuó abanicándose como si tal cosa.
Yo observé extrañada al resto de los
compañeros, que parecían no haberse dado cuenta del espectáculo y continuaban
impávidos con lo que estaban haciendo. Los dos chicos de las caricaturas ya
habían hecho toda una secuencia de dibujos, los habían colocado uno encima de
otro y ahora los pasaban rápidamente con un dedo haciendo aparecer una
animación. En la animación el profesor montado en burro corría hasta ensartar
con su lanza-tiza a un tiranosaurio Rex en medio del pecho. Estaba realmente
muy buena, coloreada y todo. Yo no podía creer que la hubiesen terminado tan
rápido. También habían dibujado el sonido de ambiente, aunque lo habían seteado bien bajito para que el profesor
de carne y hueso no lo pudiera escuchar.
El calor seguía siendo insoportable y
la clase parecía no terminar nunca. El pizarrón había empezado a derretirse, como si estuviera hecho de asfalto. Miré hacia el enorme ventanal de la
izquierda, para ver si por casualidad quedaba alguna ventana abrible sin abrir, y vi la enorme sombra
de lo que parecía ser un tiranosaurio igual al del cuento. Pestañeé pero seguía allí. Me volví a mirar a
mi amiga de al lado, que seguía dormida y roncaba suavemente. Estiré mis brazos
para sacudirla, pero me detuve horrorizada cuando de su cabeza comenzaron a
salir serpientes, que se contorneaban y lanzaban mordiscos al aire. De pronto
una de las serpientes se dirigió a mí y me dijo con naturalidad:
-Paola, despertate que se terminó la
clase, nos tenemos que ir.
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Cuento que escribí para el Taller hace un par de días. La consigna: Sueños.
Después que lo terminé me puse a pensar de donde saqué lo de los dinosaurios. Y más tarde, revolviendo en el ropero encontré esta remera que me regalaron del CEI cuando me recibí de ingeniera. A veces la uso, aunque de camisón, porque me queda enorme.
O sea que al final los pasos que siguió mi inconsciente a partir del disparador "Sueños", me quedaron clarísimos:
sueños --> camisón --> dinosaurios --> facultad
Un cuento de ida y vuelta.
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