jueves, septiembre 11, 2014

Separación de bienes

Llegó la hora de separar, para ordenar.
Los cuentos están ocupando la mayor parte del blog que tenía otro cometido inicialmente: estar para la chacota. Y la chacota se fue cohibiendo y no habla o lo hace con mucha timidez.

Así que jugamos al "juego de la Taza, cada cual para su casa", y a los cuentos los mandamos a Cuentos enredados entre ramas

¡Chauchis!

jueves, junio 05, 2014

Cuando el tiempo se hace humo



_¡Qué desastre!
Un humo espeso y gris salía por las rendijas de la cocina y el olor a quemado inundaba toda la habitación. María apagó el horno, abrió la puerta y sacó la torta carbonizada. Giró la muñeca izquierda para mirar el reloj.
_Las cuatro y media, ¡mierda!

En treinta minutos llegarían sus amigas a tomar el té y ya no le daba el tiempo de preparar otra. Bah “amigas”, en realidad eran las esposas de los demás ingenieros de la planta, amas de casa aburridas como ella, que lo que más disfrutaban era encontrar defectos a los demás para burlarse y criticar. María no veía la hora de que Pedro terminara su asignación actual y pudieran regresar a su país, que ella tanto extrañaba. Allá podría por lo menos retomar sus estudios y trabajar. Estaba harta, ser ama de casa no era para ella. Además las costumbres de aquí eran muy diferentes. La gente era machista y prejuiciosa. Los hombres trabajaban y las mujeres se quedaban en la casa con los hijos. Cuando volvían de trabajar se juntaban a jugar al fútbol o al poker, siempre entre ellos, las esposas y los hijos quedaban excluidos y a nadie se le ocurría preguntar por qué. Eso era lo que más le molestaba a ella, no era para nada a lo que estaba acostumbrada en su país, donde las reuniones eran familiares o sólo de adultos pero siempre mixtas. Tenía además varios amigos y confidentes del otro sexo; de hecho su mejor amigo era Juan, se conocían desde niños y se querían muchísimo.

Pero para que terminara la asignación de Pedro faltaban por lo menos dos años y mientras tanto la única opción social que tenía María era fraternizar con aquellas víboras. Y aunque cortar totalmente el vínculo y volverse una antisocial la tentaba, había decidido darles una última oportunidad. Quizás las había juzgado mal por conocerlas poco, y todavía tenía esperanzas de poder rescatar alguna buena amiga de ese grupo.
_ De repente Carmela, que tampoco tiene hijos y que le gusta mucho leer como a mí – pensó María. – Parece una tipa inteligente, distinta...

Vivían en un country o barrio privado, exclusivo para empleados de primer nivel de la planta nuclear. El barrio tenía su propia escuela, centro deportivo, cine, teatro y supermercado. Consistía en treinta casas donde se alojaban poco menos de cien personas en total y estaba rodeado por muros y rejas todo a lo largo de su perímetro. Al costado del barrio pasaba la carretera y hacia el oeste, más o menos a un kilómetro de distancia, se podía ver la planta. Todo lo demás era campo desierto. 

_¿Y ahora qué hago?
El supermercado del country estaba cerrado por ser domingo y el pueblo más próximo quedaba a veintiocho kilómetros.  Abrió la heladera con resignación para ver si podía inventar algo. Había un pan de ayer, mermeladas, manteca, queso, un tarro de aceitunas, mayonesa, kétchup, mostaza. Y en el cajón de verduras: cebollas, morrones y un ramito de ciboulette.

_¡Ya está, preparo unas tapas españolas! No es lo más apropiado para la hora del té pero como están de moda a esta manga de snobs les va a parecer una buena propuesta.

Recordó que tenía una procesadora que no había estrenado todavía, se la había regalado la tía Emilia antes de mudarse para allí. Emilia era una vieja cachivachera que gustaba de recorrer casas de remate y comprar cosas novedosas a precios irrisorios.
María sacó la procesadora del placard que estaba debajo de la mesada. En efecto, era bastante rara, de forma cilíndrica y tamaño mediano, totalmente cubierta por una lámina de acero brillante. En la parte superior tenía una tapa de vidrio y en el frente cerca de la parte inferior un pequeño display rectangular, con una perilla y un botón rojo a la derecha. La enchufó a la corriente y aparecieron unos números rojos en el display: 00-00-00. Probó girar la perilla hacia la derecha y vio que los tres pares de dígitos aumentaban y disminuían a medida que la giraba, pero no le quedaba muy claro el criterio con el que lo hacían. De todos modos dejó la perilla en la posición aleatoria que había quedado, cortó en dos mitades algunos morrones, les quitó las semillas y el tallo, abrió la tapa de la procesadora y los colocó dentro. Se detuvo, dudando, un momento antes de presionar el botón de encendido, pero continuó. Aunque no entendiera los números no podía ser tan difícil, era una simple procesadora.

Las cuchillas comenzaron a girar en sentido horario, formándose un potente remolino que arrastró todo a su alrededor, incluyéndola a ella, hacia el centro. Sintió que se apagaba la luz por un par de segundos y cuando se volvió a encender, la cocina estaba muy diferente. La mesada que antes era de granito rojo ahora era de acero brillante. Las paredes estaban cubiertas con paneles rectangulares del mismo material. En uno de ellos una pantalla con un paisaje montañoso de fondo marcaba:
27 de diciembre de 2064
20:35 hs
28º,  80% humedad
María sintió que su corazón se aceleraba a mil por hora y que un frío acuchillador le subía de golpe desde el estómago hasta el centro del pecho. Siguió recorriendo la pared con la mirada hasta llegar a la parte más cercana y allí ahogó un grito de terror: su imagen era la de una anciana. Se miró las manos, surcadas de arrugas y salpicadas por miles de pecas y manchas blancas. Observó entonces los números que marcaba el display de la procesadora: 04-37-50. Miró de nuevo la pantalla de la pared, los números parecían indicar la diferencia en horas, días y años del momento en que se encontraba antes: 20 de noviembre de 2014, 16.35 h.

_¿Viajé al futuro? ¿Puede ser posible?
Sin pensarlo dos veces, giró la perilla en sentido antihorario hasta dejar los números en cero y volvió a presionar el botón.
Las cuchillas comenzaron a girar velozmente formando otro remolino, esta vez en sentido antihorario, y cuando la luz parpadeó se encontraba de nuevo en su cocina. Aunque el almanaque pegado en la heladera marcaba la fecha correcta, recién cuando llegó al baño y vio su rostro habitual en el espejo, pudo respirar aliviada.

¿Entonces esa vieja procesadora era una máquina de tiempo? ¡Increíble! Probó girar la perilla hacia la izquierda y vio que los números se volvían negativos, con lo cual concluyó que también serviría para ir al pasado. Eufórica, los pensamientos se agolparon en su mente y comenzó a divagar con todas las posibilidades que le abría aquella máquina. Podría volver atrás al momento en que dejó de estudiar para acompañar a su esposo a aquel país extraño. O aún más atrás, antes del momento en que lo conoció y se enamoró de él. ¡Había cambiado tanto! Cuando llegó de profesor agregado a la facultad, aquel hombre buen mozo y galante de acento caribeño las cautivó a todas. Y fue a ella a quien terminó eligiendo, que lo aceptó llena de orgullo.  

Nunca pensó que ese hombre escondía al machista retrógrado que se reveló a sus anchas apenas se mudaron. En el country le esperaba una vida de subordinación donde sus propios intereses siempre quedarían en último lugar. El amor que María sentía por Pedro se había visto deteriorado los últimos años: ella ponía de un lado la nostalgia por su familia, sus amigos y su entorno anterior, y del otro con su vida cotidiana actual, y la balanza le daba cada vez más desfavorable. Pero era cobarde y no se animaba a tomar la decisión de dejarlo y volver a casa sola, con la cola entre las patas. Había tantas cosas en juego...  Iba a tener que reconocer que Juan tenía razón, que no podía casarse con un hombre que apenas conocía. Y también iba a desilusionar a su madre, que por primera vez estaba contenta con ella porque había conseguido un “buen partido”. Seguramente su madre le diría que la vida se hizo para sufrir y que María era una blandita, una estúpida soñadora que en vez de aprovechar la posición acomodada que le daba su marido: esa vida de película en el country, con la enorme piscina, las fiestas, el derroche; prefería enredarse en ideas fantasiosas y superfluas como la utopía del amor eterno y de una vida en pareja ideal, donde cada uno tuviera espacio para crecer como individuo. 

Por todo esto a María le parecía muy tentadora la oportunidad de volver el tiempo atrás y deshacer todo, como si nunca hubiera ocurrido. Y comenzar de nuevo joven, limpia de su historia. Borrón y cuenta nueva.
Ensimismada en estos grandiosos proyectos, la sobresaltó el timbre que sonó con fuerza.
_¡Las invitadas! Bueno, primero lo primero – pensó María, y giró la perilla de la máquina para setearla una hora hacia atrás.
De ese modo podría sacar la torta del horno antes que se quemara y tendría algo para servirle a las arpías. De nuevo el remolino y el parpadeo de luces. Dejó los ojos cerrados y preparó las narinas para sentir el delicioso aroma de la torta en el horno pero lo que le llegó fue un penetrante olor a quemado. Era sin embargo, un olor diferente al de la torta carbonizada, más ácido y metálico. El alma se le vino al piso cuando abrió los ojos y vio que provenía de la procesadora, que despedía un delgado hilo de humo por las ranuras traseras y tenía el display apagado.

Apagó el horno, sacó la torta que estaba en su punto justo y mientras la desmoldaba gritó furiosa:
-¡La puta que te parió Emilia, siempre comprando cascarrias en los remates que se rompen después de un par de usos!


miércoles, abril 30, 2014

Utilísima

A veces me aburro y me da por ponerme Utilísima.
Uno de mis hobbies es coserme ropa, como por ejemplo esta pollera. U otro tipo de objetos, como una cartera que estoy haciendo ahora con los retazos de cuero que me regaló el tapicero (pero eso mejor se los cuento cuando termine, si el proyecto llega a buen puerto, cosa que es bastante dudosa).

Otro de los hobbies que sí me ha dado bastantes éxitos, es comprar porquerías indias o chinas en el Clon o Tugays por dos pesos y tratando de reciclarlas en cosas lindas.
Así por ejemplo, un par de veces compré almohadones en El Clon bordados con lentejuelas, cuentas o canutillos, para luego convertirlos en cintos para adornar vestidos de fiesta que quedaron preciosos. Nadie sospechó su extraño origen, cuando les conté a mis amigas en la fiesta, no podían creerlo.

También este cuadro que compré por $45 en Tugays, que tenía tres fotos cliché horribles de New York, se transformó en algo chuchi forrándolo con cartulina negra y pegándole estos dibujos que encontré en Baubauhaus:
   
 

El más gracioso fue el caso de esta tabla de planchar. Tenía un forro de una tela que parecía super sintética, lo primero que pensé cuando la compré es "¿Cuánto irá a durar este forro sin quemarse? Igual cuanto antes se rompa mejor, así lo cambio porque es bastante feo". Y efectivamente, en la primer planchada se derritió con el calor de la plancha y le quedó un agujero enorme. 
Así que aproveché a revolver en mi cajón de retazos y encontré esta tela que había comprado para hacerme almohadones pero al final no pintó (y sí, como los almohadones que compro los transformo en vestidos de fiesta, después tengo que comprar tela para hacer almohadones).

Entonces, ¡voilá! Vení Andy Warhol que te plancho las camisas:
 

martes, marzo 04, 2014

Los personajes del Game of Thrones uruguayo

Conocé los personajes del mayor espectáculo del año:

Constanzerys Targaryen: fue la revelación de la última temporada, como la única mujer con posibilidades reales de llegar al trono. También conocida como la madre de los progrones.








 

Tabayron Lannister: el enano estratega, algunos lo desprecian pero aprendieron a respetarlo.






 
 


Sir Jaimealberto: conquista a las ladys más veteranas con su jopo y su porte de alcurnia, pero le cuesta un poco relacionarse con las castas más bajas.
 
Luis Albroberto Baratheon: Fue rey hace tiempo pero culpa de la bebida perdió la corona. La mujer Cerceilía lo adula pero prefiere a otro.
Pedro "Meñique" Bordabaelish: habla mucho y a veces parece bueno pero nadie olvida que tiene orígenes oscuros. A veces es difícil conocer sus verdaderas intenciones.
 

El viejo Izquiestark: era respetado por todos no sólo los de su familia, pero murió y ahora Lady Monicatelyn es quien manda. 

Robge Larrañaga: por momentos parecía que tiene chances reales pero es un líder que se infla y desinfla con facilidad.

Jon Sendisnow: es lindo, bueno y un poco ingenuo. En el círculo de poder no lo ven como competidor real pero por las dudas se encargan de mandarlo lejos. 

Branfael Izquiestark: solo no puede ir a ningún lado, pero igual lo tienen ahí porque para algo siempre puede servir.

Lady Sansarguimón: se limita a hacerse la linda y sonreír para ubicarse lo mejor posible.
 

Theon Abreujoy: por más que se esfuerce le falta algo muy importante para llegar al poder.



 

 


Astorys Targaryen: siempre quiso ser presidente pero puso las manos en fuego y se quemó.  Subestimó a su hermana que ahora está en carrera por el trono cuando él ya marchó hace rato.






Kahblo Drogo: Se hace el malo pero nunca nadie le entiende lo que dice. Aunque intenten revivirlo en cada elección, está muerto hace rato.

 


Jeoffernando: Se calienta cuando lo ningunean por ser "chiquito" y es bastante retobado dentro y fuera de su familia.









El cast completo:



-----------------------------------
 
Y esto no tiene nada que ver con el post pero me gustó para recordar a todos los personajes de la serie:



domingo, febrero 23, 2014

Muy pronto...

Llega el drama que conquistará a tres millones de espectadores

Game of Thrones 2014 - Election is Coming


lunes, diciembre 09, 2013

Tortugas al rescate

Una tarde, estando de vacaciones en el pueblo de mis abuelos,  salimos a pasear en moto con mi mamá. Acabábamos de cruzar la avenida principal, cuando desde el asiento de atrás le lancé la pregunta matadora:

_Mamá: ¡quiero un hermanito!

Ella clavó los frenos del susto, pero la frenada le sirvió para cambiar de tema: "Pensé que ese gato de la esquina se me iba a tirar adelante". Con eso ganó algunos minutos para decidir la respuesta a mi pedido.

_Un hermanito da trabajo, ¿estás segura? Llora de noche, hay que lavarle los pañales, darle la mema…

_Bueno – dije, cambiando fácilmente de idea - ¡Entonces quiero una tortuga!

Ella por respuesta solamente se rió. Deduje que el trato le había parecido bueno porque un par de semanas después, ya de regreso en Montevideo, apareció con un recipiente de vidrio donde nadaban dos pequeñas tortugas de agua. La más grande era de un color verde tirando a sepia, en cambio el color de la más chica era mucho más oscuro y brillante. Las bautizamos Catalina y Penélope, en ese orden.

Yo estaba entusiasmadísima con mis nuevas mascotas. Las sacaba de la pecera y las ponía sobre mi mano para que me rascaran la palma con sus uñas. También probaba colocarlas una junto a la otra sobre el piso para que jugaran carreras entre ellas, cosa a la que nunca accedieron, sólo atinaban a deambular sin rumbo fijo.

Los meses pasaron y llegó el invierno. Las tortugas habían dejado de comer y esto lo atribuímos a un estado de hibernación propio de la época del año.  Pero sin embargo no parecían dormir, ya que todavía se movían, aunque más lentamente que de costumbre. Percibimos que la caparazón de Catalina se iba quedando cada vez más blanda, hasta que un día murió. Con una emotiva ceremonia en el baño nos despedimos de ella tirando la cisterna del wáter. Para cuando Penélope empezó con los mismos síntomas, ya estábamos resignados y anticipamos que a los pocos días repetiríamos el ritual.

 

No quisimos reincidir con las tortugas. Yo varias veces pedí otras mascotas pero mi madre no quería saber de nada con perros o gatos porque decía que era un crimen tenerlos encerrados dentro de un apartamento. También probé suerte pidiendo peces, pero ella contestaba que ni loca, que nada le daba más asco que el olor del agua de las peceras.

Unos cuantos veranos después, en un paseo en moto por el pueblo muy parecido al de aquella vez, le tocó a mi madre dejar caer la bomba:

_Vas a tener un hermanito, ¡como vos querías!

La verdad que fue una noticia muy inesperada. Yo ya tenía catorce años y pensaba que ya no iba a tener más hermanos, no podía creerlo. Además, mi madre tenía como treinta y cinco años, para mí ya era una vieja. Pero después del shock inicial, me entusiasmé y empezamos con todos los preparativos con mucha alegría. Cuando nació como yo era grande ayudaba a cuidarlo, a darle de comer, bañarlo y cambiarlo. También jugaba con él y le leía cuentos.  Era muy pícaro pero dentro de todo se portaba bastante bien.

 

Mi amiga Laura era como otra hermana mayor para mi hermanito. Fue la primera en conocerlo cuando nació, porque cuando mi mamá llamó a casa para avisar que se había ido a internar, yo la llamé para avisarle y ella llegó antes que yo al sanatorio. Éramos compañeras de liceo y pasábamos todo el día juntas, siempre inventando diabluras.  Una tarde que habíamos quedado de niñeras nos pusimos a ver la película "IT". Mi amiga ya la había visto y me aseguró que aunque era de terror no había imágenes de sangre o violencia, y que como había un payaso podía pasar por una película para niños. Pero no hubo forma de engañarlo, porque a la segunda o tercera vez que apareció el payaso, él ya estaba asustadísimo y gritaba:

_¡Patato malo!

_Nooo, es bueno… ¡Mirá como va a buscar al niño para jugar! ¡Es un payaso bueno!

_No, ¡patato malo! – lloraba.

Entonces cortamos la película para terminarla de ver en otro momento, pero a él lo poco que vio le alcanzó para tenerle miedo a los payasos por varios años.

Otro día que de nuevo nos tocó cuidarlo, ya era un poco más grande y estaba insoportable. Nos hacía bromas, nos lanzaba o quitaba cosas, muerto de risa, corriendo por toda la casa.

_¡Si no te quedás tranquilo te vamos a atar! – le dijo mi amiga.

_¡Atame! – dijo él, copado.

Entonces trajimos una silla, lo atamos y  nos sacamos una foto apuntándole con un cuchillo como forajidos con su prisionero. El seguía muerto de risa pero por lo menos se quedó quieto un rato.

Cuando mi madre reveló las fotos quedó horrorizada, nos quería matar.

_¿Cómo le vas a hacer esto a tu hermano? ¡Es una herejía!

Luego de explicarle y ver en la foto la sonrisa de oreja a oreja del niño y las nuestras se tranquilizó, estaba claro que había sido solo un juego, y muy divertido para todos.

 

Pero pronto la diferencia de edad se hizo notar más y cada vez jugábamos menos juntos. Yo ya iba a la facultad y me pasaba estudiando el resto del día, él iba a la guardería y después lo cuidaba una niñera. Sospeché que entonces se aburriría solo, y que debe haber llegado a hacer el mismo pedido que yo de chica, porque un día Luis (el nuevo novio de mi mamá), se apareció con una tortuga. Le llamamos Déborah, porque devoraba las moscas, lombrices y caracoles que le dábamos de comer, además del preparado especial que le comprábamos en la Veterinaria.

Después de lo que había pasado con las anteriores no teníamos grandes expectativas de que viviera demasiado. Pero contra todo pronóstico, pasaron dos inviernos y estaba bárbara. Mi madre la seguía sobreprotegiendo, a tal punto que un día mi hermano quiso llevarla a la escuela para estudiarla en clase, y ella no quiso porque "Se va a agarrar alguna peste con todos esos niños toqueteándola". Como él ya le había prometido a la maestra llevarla y a mi madre le daba vergüenza confesar que no quería dejarla ir, fue a comprar una tortuga nueva especialmente para tal fin. "Después igual nos la quedamos, así le hace compañía a Déborah".

Su corazonada no fue errada: en efecto la tortuga conejillo de indias murió dos semanas después de aquella visita a la escuela.

 

Unos años más adelante, la familia estaba revolucionada porque habíamos vendido el apartamento y nos mudábamos. Yo me iba a vivir sola a un apartamento más cerca de la facultad, y mi madre se mudaba a la casa de Luis con mi hermano y la tortuga, para comenzar una nueva etapa. Habíamos armado flor de revuelo entre el camión de mudanza de ellos, la camioneta que llevaría las cosas mías, las decenas de cajas y muebles, los vecinos que se acercaban ya sea para ayudar o sólo para curiosear, y los niños y perros correteando alrededor de toda la escena. Cuando ellos llegaron a la nueva casa, después de descargar todo y sentarse a descansar, se dieron cuenta de que faltaba Déborah.

Me llamaron por teléfono para ver si por error la habían cargado en la camioneta con mis cosas.

_No, para acá no vino...

Llamaron también a una vecina para pedirle que fuera a mirar si la encontraba cerca de la entrada del edificio o en la escalera. Pero al rato llamó diciendo que no la había podido encontrar por ningún lado.

Al otro día mi madre y Luis volvieron al barrio para seguir buscándola. Dentro del apartamento tampoco estaba. La única opción era que alguien la hubiera encontrado en la calle y se la hubiera quedado, con tortugario y todo.

Todos estábamos muy angustiados. Mi madre no vaciló y comenzó a escribir carteles: "Tortuga extraviada el día 5 de abril, en la Calle 1 cerca de la Escuela. Llamar al teléfono 385888. Se gratificará". Mientras pegaba los carteles la gente que los leía no podía evitar la risa. Una tortuga tan veloz como para escaparse y perderse, parecía increíble.

 

Pero su tenacidad dio frutos y pronto apareció el rescatista: una señora y su hijo que vivían en el edificio de enfrente, nos contaron que jugando a la pelota el niño se había topado con el tortugario en el jardín de nuestro edificio, y se la llevó para su casa.  Fuimos contentos a buscarla, pagando el rescate prometido. Mi madre siempre bromea que fue la tortuga más cara de la historia, porque la pagaron tres veces: la primera cuando la compraron, la segunda cuando le consiguieron una doble de riesgo y la tercera con aquel rescate.

 

Ya pasaron casi quince años y la tortuga sigue con nosotros. Luis le cambió dos veces el recipiente por otro más grande, hasta que al final le terminó construyó un pequeño estanque de cemento en el jardín. Mide unos treinta centímetros de largo. Cuando le hablan (especialmente Luis que es a quien reconoce como su amo), levanta la cabeza y mira con atención. Cuando la acarician, en vez de esconderse dentro del caparazón como otras tortugas, se estira y parece disfrutarlo. El perro, que llegó después y siempre le tuvo celos, se pone como loco cuando nos ve con ella.

 

Algunas veces, con sentimiento de culpa, nos preguntamos si al estar tan grande no viviría mejor en libertad. Pero la veterinaria nos dijo que si la liberábamos correríamos el riesgo de que al estar tan domesticada, no sobreviviera por sus propios medios.

 

Desde entonces ya nos pusimos a planificar agrandarle el estanque dentro de unos años. Al mismo tiempo estamos armando la lista de herederos: por ahora los favorecidos son en primer lugar mi hermano y luego mi hija mayor. Es probable que en esa lista terminemos agregando a nuestros nietos, porque como las tortugas viven más de cien años, por suerte va a estar en nuestra familia por muchas generaciones.

lunes, septiembre 16, 2013

¿Yerro o pronóstico futurista?

_¿El presidente acá en Uruguay se elige cada cuatro años? - pregunta Vale (8 años).
_No, cada 5 años. Cuando vos naciste en 2005 el presidente era Tabaré Vázquez. ¿Y después sabés quien vino? - contesta el papá
_¡Sí, sí, ya sé! ¡Pepe Mujica! - responde copada
_¡Y después vino Forlán! - acota Fede (4 años).

Así que ya saben: cuando dentro de unos años Forlán tenga que retirarse del fútbol por la edad, decida candidatearse y salga electo presidente, quién fue que lo dijo primero.